domingo, 27 de abril de 2014

MUSEO DE ARTE DEL TOLIMA


Cruzando la concha acuática a unas cuantas cuadras más adentro en una esquina que se encuentra rodeada de vías concurridas. Se halla el museo de arte de la ciudad musical, con una arquitectura sobria, elegante y abstracta. Destaca de entre todas las cosas hermosas que existen a sus al rededores. Esculturas de metal acompañan su fachada, como resguardándola de cualquiera que quiera hacer algún tipo de daño a las variadas obras que están en su interior. Unos cuantos árboles y palmeras amenizan su entrada.































Yo, llego en el momento justo en que el crepúsculo del día hace exhibición de sus últimos destellos y estos dan un toque mágico a las afueras del museo, resaltando su belleza simple. Me siento a las afueras de este, junto con las docenas de personas que esperan entrar a descubrir los nuevos tesoros que serán expuestos para todo el que desee apreciarlo. Observo como la noche cae y cubre con su manto la ciudad, las luces exteriores e interiores del museo son encendidas, demostrando así que en la noche, este momento aunque efímero puede ser aún mejor y las luces hacen que destaquen ciertos ángulos y lugares ocultos para los incautos.

Sus puertas de cristal dejan ver a personas recorriendo el lugar de un lado al otro ultimando detalles y a las 7:00 p.m. se abren sus puertas. Todos los presentes somos invitados a hacer una fila en la entrada para así asegurar el ingreso ordenado al museo, la fila avanza con rapidez y al estar más cerca noto una mesa a tres metros de las puertas de cristal donde se encuentra una mujer con un traje de noche entregando folletos que muestran algunas obras expuestas y una breve explicación de estas junto con una costa biografía de los artistas implicados. 





Subo la pequeña rampa que me separa de las diferentes salas y decido entrar a la principal, donde se encuentran todas las personas que entraron con anterioridad y al parecer entraran las pocas que faltan, me siento confundida por este hecho y el tumulto de gente que se encuentra en la estancia hasta que una voz varonil nos saluda. Me ubico mejor y veo a unas nueve personas mirándonos sonrientes separados a un metro y medio del resto de nosotros, el hombre que saludó inicialmente, presenta a las personas que están a su lado, da unas palabras de bienvenida y explica breve mente la exposición.

Luego de esto la multitud empieza a desplegarse por el resto del museo así como todos los realizadores de exhibición y los dueños del museo. Yo me quedo en el salón y luego de que se despeja un poco puedo apreciar unas cincuenta fotografías a blanco y negro con un marco blanco de personas campesinas trabajando y haciendo sus labores diarias, mostrando en sus expresiones el trabajo duro de años y el orgullo de esto.

















Salgo de allí y veo que todos los presentes están alrededor de los expositores haciéndoles preguntas para apaciguar un poco su curiosidad y su enorme deseo de aprendizaje, junto a ellos hay algunos reporteros entrevistándolos para dar la primicia del evento a periódicos y revistas de la ciudad. Observo a camareros con bandejas que llevan pequeñas copas de vino tinto y blanco. Tomo una de vino tinto y siento la temperatura ambiente en mis labios, voy atravesando las diferentes habitaciones y veo esculturas y cuadros que son parte del museo ya, muestran sus lienzos y marcos muestran el paso de los años que han sufrido y aun así puedo apreciar su belleza e imaginarme sus años de gloria y el momento justo en que fueron presentados ante la sociedad más destacada de algún país en los años 1.800 y 1.900.




















En otras habitaciones se encuentran el resto de las exposiciones. Una imágenes de la representación de un secuestro me impactan nada más observarlas de lejos, una descripción al lado de estas me dicen cuál es su objetivo, y descubro que son una representación de un cautiverio y el protagonista de las fotos esta justo en el salón hablando de su experiencia emocional al conectarse con algo así.






Luego de ver cada obra del museo y de dejar mi copa en una de las bandejas salgo del museo a las 10:00 p.m. y veo a algunas personas disfrutando del aire de la noche y de las esculturas que a estas horas solo acompañan las conversaciones. Yo después de tan gran e inspirador espectáculo de arte no puedo estar más agradecida a Dios por permitirme estar viva y apreciar estos eventos y cada cosa simple que se vive en el diario vivir, donde tengo la oportunidad de aprender de todo, como por ejemplo lo que vi y experimente esta noche. 


Diana Saenz
Comunicación Social - 
III Semestre
Diurno

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